¿ORDEN EN EL SUELO?

La Secretaria de Turismo anunció que el desarrollo del Suroeste y el ordenamiento territorial turístico (OTT) serán sus prioridades para el próximo año. Al concentrar el esfuerzo en el desarrollo del producto turístico, estas prioridades dan sin duda en el clavo. Habrá que ver, sin embargo, si la manera en que se emprende el OTT produce los resultados esperados.

Algunos analistas responsables han clamado por décadas por un OTT que evite el desorden y la improvisación en el desarrollo sectorial. Como instrumento de planificación, un OTT bien concebido y aplicado redunda en un uso más racional y eficaz del “espacio turístico”. Su meta es una estructura equilibrada de usos del suelo que sea compatible con el desarrollo económico y social visualizado.

 

El Ordenamiento Territorial Turístico puede evitar el desorden y la improvisación en el desarrollo sectorial.

El OTT busca reemplazar el “orden existente” por el “orden deseado”. Esto se logra compatibilizando las aptitudes y potenciales del suelo con las tendencias del mercado y conciliando la propuesta de uso con los intereses particulares. También asegurando, a través de provisiones de control y regulación, un uso responsable de los recursos (sustentabilidad ambiental) y las actividades de una zona o región.

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Pero de tal definición se derivan dos cautelas esenciales para la tarea que ha acometido el Departamento de Planificación y Proyectos (DPP) de la SECTUR. La primera es que la introducción de metas anuales para la cartera podría significar que el próximo año esa prioridad no exista. La segunda es que la metodología adoptada tiene importantes limitaciones.

La posibilidad de que el corto plazo produzca resultados truncos asoma cuando se conocen los alcances específicos del OTT. Este implica la identificación y delimitación de las zonas de interés turístico en función de la intensidad del uso previsible y las características de los recursos naturales, la accesibilidad, el grado de desarrollo turístico actual, los riesgos naturales y la biodiversidad de interés.

Esa enorme tarea incluye también la localización de los atractivos turísticos (preferiblemente con un catastro georeferenciado y con fichas de caracterización y evaluación) y la identificación de las actividades turísticas posibles. La labor se completa con la evaluación del equipamiento, la infraestructura básica y los sitios para diferentes usos turísticos.

A pesar de que el DPP tiene ahora un entusiasta y calificado equipo técnico, las tareas señaladas no podrían realizarse en un año solamente. Talvez por eso se ha optado por una metodología lógico-inductiva donde el levantamiento de la información necesaria se nutre de las fuentes documentales. De hecho existen cuatro planes nacionales de OTT (1968, 1981, 1991, 1996) que son formidables insumos.

Aunque el uso de los antecedentes técnicos es loable y pragmático, este tiene sus bemoles. El hecho mismo de que el último plan fue terminado hace 13 años sugiere la limitante. Desde entonces el desarrollo turístico ha sido considerable y la información recolectada entonces podría estar desfasada. La calidad de los análisis, por tanto, dependerá de que se sepan identificar y rectificar los gazapos.

Por otro lado, el prerequisito de un buen análisis de OTT es una planificación sectorial general. Pero el último plan de desarrollo turístico nacional (PEDTURD) se hizo hace diez años y tampoco existe un plan nacional de desarrollo que pudiera orientar lo sectorial. De hecho los planes de OTT del pasado también han adolecido de ese marco, ignorando que el OTT es solo una parte del todo.

Conviene recordar que los planes anteriores de OTT nunca fueron adoptados oficialmente ni aplicados con rigor. Aunque en ese lapso todos los incumbentes de la cartera los han usado como referencia, en algunos casos se ignoraron sus dictámenes por favoritismo político, siendo los conflictos sobre densidad de construcción y altura de edificios los mayores. La “falta de institucionalidad” que arropa al país también ha existido en el sector turístico.

Si el nuevo producto del trabajo del DPP es bueno, las autoridades deberán buscar que se institucionalice mediante una ley de OTT, tal y como fue la intención con el ultimo de los planes (1996). Eso requerirá que se profundice la coordinación que afortunadamente se reporta entre la cartera y el SEEPyD, en vista de que esta última es la rectora general del ordenamiento territorial.

Lo anterior sugiere que con esto del OTT la SECTUR se ha propuesto un ingente reto. Por el coraje político que requerirá garantizar buenos resultados habría que felicitar de antemano a su incumbente. El tiempo dirá si esa felicitación es justificada.

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